Anuario / Infantil / Infantil-Primaria / 14 marzo, 2018

El gran capricho de Gaudí

Nada más enterarnos de que Gaudí había dejado un trocito de su arte en Cantabria, los niños y las niñas tres, cuatro y cinco años hemos acudido raudos y veloces hasta Comillas, en donde se encuentra El Capricho. Durante la visita, unas monitoras muy agradables y simpáticas compartieron con nosotros todo su conocimiento sobre esta fabulosa obra arquitectónica de Gaudí.

Al llegar, nos recibieron con unos girasoles hechos de cartulina, pero que, según nos contaron, eran mágicos, ya que al moverlos desprendían una magia muy particular; aun así, esto os lo contaremos más adelante. A pesar de que nos dividimos en varios grupos, la visita guiada siguió un determinado camino:

  • Nos detuvimos a contemplar detenidamente la fachada de El Capricho y descubrimos que esos azulejos tan coloridos, en los que se ubica dentro un girasol, forman cinco filas dando lugar a un pentagrama.

Esto tiene sentido pues Gaudí construyó El Capricho como una casa de veraneo para Máximo Díaz de Quijano y, dada la pasión de este por la música, Gaudí decidió dotar de musicalidad cada una de sus partes.

  • Tras ello, nos adentramos en el jardín. Debido a que Gaudí era un fiel amante de la naturaleza, rodeo El Capricho de plantas y flores de distintos tipos. Una vez más, volvimos a comprobar que la otra fachada de este edificio también un pentagrama.
  • Después, entramos a una cueva hecha entera de Piedra, en la que, si nos dejamos llevar por su tranquilidad, pueden escucharse un montón de sonidos naturales.
  • Al andar un poco más, ¡Vimos a Gaudí! O, lo que es más preciso, a una estatua de Gaudí. Según nos contaron las monitoras, la leyenda dice que, si le hablamos muy bajito al oído, despierta y nos mira. No obstante, a pesar de nuestros arduos esfuerzos, este arquitecto atrevido seguía mirando fielmente a su obra, sin moverse ni un milímetro.
  • Cuando hubimos recorrido el exterior, decidimos entrar a la casa. Estuvimos en la habitación que era originariamente para Máximo Díaz de Quijano, grande y con unos ventanales enormes. Además, visitamos también el baño y otra habitación, a la cual tuvimos que acceder cruzando unos espectaculares balcones. En dicha habitación, agitamos nuestros girasoles, cerramos los ojos y, al abrir y cerras las ventanas, escuchamos cascabeles.

Finalmente, tras terminar la visita, descansamos durante unos breves instantes para reponer las fuerzas necesarias para estar de vuelta en el cole y compartir con nuestras familias y amigos todo lo que hemos aprendido sobre El Capricho.

Animaos a visitarlo, porque valdrá la pena.

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Etiquetas:  Infantil Proyecto Gaudí proyectos




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